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Miguel Angel Perera
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Actualidad
Sunday, 6 de March de 2005
José Antonio Del Moral - Ocio Crítico

OLIVENZA | Inagotable Ponce, cumbre Perera

Plaza de toros de Olivenza (Badajoz). 6 de marzo de 2005. Tercera de feria. Otra vez frío con viento en tarde medio nublada y lleno de no hay billetes. Seis toros de "Zalduendo", muy bien presentados y nobles en distintos grados de casta, bravura y fuerza. Por más completo y bueno, destacó el segundo para el que se pidió la vuelta al ruedo. Y por más dificultoso el sexto que se defendió por su escasa fuerza. Enrique Ponce (marfil y oro): Media tendida y dos descabellos, oreja. Pinchazo y estocada trasera, oreja y petición de otra. "El Juli" (encarnado y oro): Estoconazo, dos orejas. Media tendida trasera y descabello, oreja. Miguel Angel Perera (añil y oro): Estocada contraria, dos orejas. Estoconazo, oreja. Buen puyazo de Antonio Saavedra y dos buenos pares de Antonio Tejero. Los tres espadas salieron a hombros. Perera pasó luego a la enfermería donde fue intervenido de una herida en el muslo de pronóstico grave.

Ya dijimos cuando Enrique Ponce y "El Juli" triunfaron por lo grande el pasado 5 de febrero en La México que va a ser muy difícil apearles del primerísimo lugar que ocupan en el toreo actual. Y ya saben también cuantos pretendan superarles o incluso igualarles lo que ello les puede costar. Ayer lo intentó Miguel Angel Perera y le costó una grave cornada. Fue en el sexto toro de la excelente corrida que trajo a Olivenza el ganadero Fernando Domecq. Corrida presentada para una plaza de mayor categoría aunque, si de categorías hemos de hablar, habrá que afirmar con rotundidad que esta primera feria de Olivenza ya está instalada entre las más brillantes de cuantas se celebran en la temporada por obra y gracia de sus jóvenes empresarios Cutiño y Domínguez. Chapeau para los dos por cuanto llevan conseguido y enhorabuena por el gran espectáculo que ofrecieron ayer.

Miguel Angel Perera ya tenía asegurada su salida por la puerta grande tras cortar las dos orejas del tercer toro al que toreó con la impávida quietud que define su estilo desde que empezó poniendo a sus paisanos al borde de un colectivo ataque de nervios. La fatal espada de Enrique Ponce le privaba por el momento de acompañar a Perera y a "El Juli" pese a lo inagotable que se mostró el valenciano frente a un primer toro que puso a prueba su maestría tantas veces demostrada. Aparentemente agotado este animal tras un inconveniente segundo puyazo, Ponce le extrajo una faena tan fácil como interminable que el público recibió como si tal prodigalidad careciera de importancia. La respuesta de "El Juli" con el segundo toro, mejor aún que el gran sobrero de "Zalduendo" desperdiciado la tarde anterior, constató que Julián está en el mejor momento torero de su vida. Capaz e ilusionado, enfebrecido de afición, más suelto y dispuesto que nunca y dueño de su propio destino tras la transfiguración profesional que el año pasado tanto le costó de cara a los públicos, ya convencidos de que este "Juli" más parece un semidiós que aquel torero imparable y mortal que sacudió los cimientos de la Fiesta cuando hace siete años tomó la alternativa en Nimes.

Mediado así el inolvidable festejo, Ponce se volcó otra vez asomado al balcón de su propia gloria en un faenón marca de la casa con un cuarto toro mejorado gracias a la inusitada habilidad que le caracteriza y ya con el público caliente y también volcado a su favor. Variado y pluscuamperfecto trasteo que otra vez Ponce pinchó por lo que perdió la segunda oreja que buscaba pero no sumar las dos necesarias para abrir la puerta grande. Y otra vez en acción "El Juli" con el huidizo quinto toro al que imantó en los medios de nuevo con primor y milagrosa ligazón en el tramo ojedista que ahora tanto le gusta prodigar no solo para recrease en tal misión sino para responder al mismo acento ligador de Perera, definitivamente obligado a redondear la jornada costara lo que costase.

La blandura de remos unida a la casta de este postrer "Zalduendo" le obligó a defenderse en sus viajes y la doble circunstancia le convirtió en peligroso por lo que Perera hubo de jugarse el pellejo a cara o cruz. Su emotivo empeño en recibirle en los medios para iniciar su faena con dos pases cambiados cosidos a dos de pecho sin mover los pies, empeoró las condiciones del animal y no apto para hacerle lo que luego le intentó Perera. Por eso surgió la cogida del pretendiente, desesperadamente dispuesto a triunfar por segunda vez para que nadie pudiera acusarle de conformista. Aunque la cogida no pareció en principio tan grave como luego se descubrió y como Perera continuó la lidia y mató tan entregado como había estado toda la tarde, pudo ser aupado a hombros junto a sus ilustres compañeros mientras los abarrotados tendidos celebraban el acontecimiento negándose a abandonarlos antes de que los espadas alcanzaran los coches entre la multitud que les esperaba en las calles. Perera, no. Perera tuvo que entrar en la enfermería para que los médicos descubrieran la grave herida que acababa de recibir y que el joven matador había ocultado y soportado en gesto heroico que le honra.

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